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Calle Duque de Almodóvar

Autor: Antonio Haro Camacho

Esta calle se llamó Del Ángel, o simplemente Ángel, por una huerta que allí existía con ese nombre. En enero de 1909 el Ayuntamiento de Algeciras acuerda ponerle el nombre de Duque de Almodóvar, aunque no fue rotulada como tal hasta 1914. D. Juan Manuel Sánchez y Gutiérrez de Castro (1850-1906), Duque consorte de Almodóvar del Río, fue un político liberal nacido en Jerez de la Frontera que ostentó en varias ocasiones el cargo de Ministro de Estado (actual Ministro de Asuntos Exteriores) y que presidió la Conferencia internacional de Algeciras de 1906. 
Recordemos cómo fue esta calle, comenzando el recorrido por la acera izquierda si venimos desde la calle Monet.
La primera casa que nos encontramos es la de una costurera, Pepa Torres, cuyo hijo era Ricardo González, restaurador de cuadros, que vivía en la misma casa, actualmente en ese lugar hay una peluquería marroquí. Seguimos con la casa de Miguel Pino y después con la de Holgado, donde se despachaba el aceite. Cuentan como anécdota que un día Holgado padre, descubrió que los trabajadores amarraban los bollos con una cuerda y los metían en los bidones de aceite y él, cuando se dio cuenta, los fue sacando poco a poco y los escurrió. Este lugar fue una escuela primaria y actualmente es un bazar marroquí.
Seguimos y nos encontramos con la casa del antiguo alcalde D. Emilio Morilla, donde se ponía la radio a todo volumen para que las gentes escucharan los partes de guerra. Esta casa perteneció también al torero Miguel Mateo Miguelín y más tarde a Eléctrica de la Jara. A continuación la pensión “El Almendro”, llamada así por un almendro que había en el patio de la casa. Seguían las pensiones “Fernández”, “La Malagueña” y “La Española”. Estas dos últimas, regentadas por el señor Padilla, iban unidas, una para viajeros y otra para las mujeres del cabaret. En esa pensión se dio un caso en que un señor tuvo un problema con una de las mujeres, dando lugar al cierre de la pensión que volvió a abrir un tiempo después con el nombre “Tetuán”, que aún lleva en la actualidad. 
En el número 15 se editaba el periódico local “El Noticiero”, luego hubo un taller mecánico regentado por Paco y José, abriéndose en ese mismo número la bodega de Palomino y Vergara. ¡Quién no se acuerda de aquellos chorizos al infierno que nos ponía Antonio!
Continuamos en la misma acera con la casa de Miguel Pérez, entrenador de fútbol local. En esa misma casa había una tienda de chucherías que traían de Gibraltar y la de Anita Palmiro, la que mejor bordaba en Algeciras. Seguía la casa de antigüedades de Santos Varona y el café del Puerto, que después fue Casa Arturo.
Cruzamos a la acera de enfrente. En la esquina estaba el bar de Andrés, que ponía en la puerta este cartel: “Hoy dos platos, pan, vino y postre, una peseta”. Continuamos con la casa de Nieto y la peluquería Alfarrace, hoy un bazar que está cerrado. Después la Administración de loterías que antiguamente había sido el Despacho central de RENFE; la peluquería de Esteban Luque, fundada en 1906; la pensión “La Sevillana” de la que era dueño Pepe Díaz y “La Alicantina”, donde había un salón con una orquesta para ver atracciones y escuchar música. Entre las calles Montero Ríos y Duque de Almodóvar la peluquería de Ramón Sánchez y en la esquina el Banco de Santander. Bueno, hasta aquí este paseo que espero os haya gustado.        

Cines de Verano

Autor: José Ortega Díaz

En esta nueva entrega de paseando por el recuerdo, quisiera rendirle homenaje, a esos locales públicos que durante décadas, fueron los encargados de entretener y animar a la sociedad algecireña, estos locales fueron los cines de verano.
En una época en la que no había muchas diversiones donde elegir, ni todavía la tele había llegado a su gran esplendor, estos locales fueron punto de encuentro de novios, de amigos, de familias, etc.
Fijaos si tuvo relevancia, que la única huelga que tuvo lugar en Algeciras en tiempos de la dictadura, fue por la subida del precio de las entradas de los cines de verano.
La mecánica mas o menos siempre era la misma: salíamos a pasear y entrábamos en el cine, amparados en la oscuridad nos fumábamos dos o tres cigarros Chester que previamente habíamos comprado en el carrillo que estaba en la puerta del cine, y allí estábamos el tiempo que duraba la proyección, tomando el fresco y oliendo a jazmín y dama de noche (bueno, esto de los olores agradables no era en todos los cines, porque algunos olían regular y además, contábamos con la siempre incomoda visita de los mosquitos).
Los cines, por esa época, eran administrados por dos empresas: una, la formada por los Sres. Armijo, Aldana, Soto y Casero, a la que pertenecían los cines Delicias, Fuente Nueva, Sevilla, Terraza, Cinema España y Mirador; y la otra formada por los Sres. Gallego y Acosta, que explotaban los cines Avenida y Alegría. En algunas ocasiones, también se utilizaba como cine la plaza de toros de La Perseverancia, pero ésta de forma más irregular ya que estaba más dedicada a los espectáculos flamencos que hacían sus giras en verano. ¿Os acordáis de los Carruseles de Coplas? Por este coso pasaron todas las figuras del cante flamenco  de la época: Farina, Caracol, Juanita Reina, Mari Fe, Juanito Valderrama, etc.; todas ellas acompañadas de un elenco de artistas que más adelante serían figuras, como Fosforito, Rocío Jurado, y tantos otros. En uno de ellos actuaban nuestro querido y añorado Trío Juventud, formado por  las admiradas Nena Calderón y  Ana María Espínola, acompañándoles a la guitarra rítmica Jesuli (padre de Alejandro Sanz), y que tuvieron su momento de gloria por aquel tiempo.
 Retornando a los cines, y siempre ciñéndonos a la época comprendida entre las décadas de los años 60 y los 80, recuerdo con especial cariño el Cine Sevilla porque era uno de los que más visitaba;  aparte de que era el que estaba más céntrico (se ubicaba en la calle del mismo nombre), era el cine que tenía mejor sonido. Allí sí se respiraba el olor agradable del jazmín y la dama de noche y si antes pasabas por Casa Calderón con sus caracoles y cervezas mejor que mejor. En este cine en algunas ocasiones se celebraron combates de boxeo.
Otro cine que frecuentaba era el Cine Avenida, en la avda. de las Fuerzas Armadas (entonces no se llamaba así). Este cine tuvo dos ubicaciones. La primera era un solar que quedaba entre el edificio de los militares y el edificio de la policía nacional, siendo la pantalla del cine la pared de la policía. En este cine también se celebraron combates de boxeo. Quizás este tema del boxeo por la repercusión que tuvo en su momento lo trataremos más detenidamente. La segunda ubicación del Cine Avenida fue en los bajos del Edificio Gallego que estaba en la misma avenida; este edificio estuvo parado en su construcción durante algún tiempo y los propietarios aprovecharon esta estructura  para montar el cine en el patio interior del edificio, con una particularidad, que si llovía te podías refugiar en los bajos del edificio que circundaban todo el patio. Cuando se reiniciaron las obras, el cine desapareció.
Otro cine muy frecuentado por cercanía fue el Cine Fuente Nueva.  Estaba en la calle del mismo nombre y allí no se olía a jazmín ni a dama de noche, el “perfume” nos venia de una fabrica de conservas que era medianera con el cine.
El Cine Alegría se encontraba al final de la calle Fuente Nueva. Éste lo frecuenté muy poco porque tenía un inconveniente, los mosquitos, que te devoraban.
En la calle Agustín Bálsamo, teníamos el Cine Delicias. Era un solar grande y agradable, con un inconveniente, cuando llegaba el tren  procedente de Ronda (El correo), durante unos minutos -a veces varios- no te enterabas de nada. EL 25 de Julio de 1959, festividad de San Pedro y San Pablo, a las puertas de este cine y debido a la huelga que comenté al principio, se produjeron incidentes con personas que querían entrar y los piquetes informativos, teniendo que intervenir la Policía Nacional.
En la calle Cid Campeador, se encontraba el Cinema España. Este cine no tuvo mucho éxito.
En la calle Pomponio Mela, teníamos el Cine Terraza y en la calle Millán Picazo estaba el Cine Mirador.
Como anécdota, recordar que las películas se pasaban de un cine a otro cada día, y algunas veces sobre todo los fines de semana, se repetía la misma película en dos cines. Como no había dos copias de la misma película, había un señor con una “Mobylette” (el amigo Rebolo), que era el encargado de llevar los rollos de un cine a otro, con un inconveniente, que si había algún retraso en la logística, había que encender las luces en medio de la proyección a la espera del rollo correspondiente, con el consiguiente choteo del público.
En la actualidad todos estos cines han desaparecido. Fueron devorados por la fiebre inmobiliaria y por el auge de la televisión que restó espectadores a estos locales haciéndolos deficitarios. Así el Cine Sevilla, se ha convertido en la Plaza Neda; el Cine Fuente Nueva, en una urbanización que lleva el mismo nombre; el Cine Alegría en otra urbanización que se llama igual; el local que ocupaba el Cine Avenida, fue bingo y tienda de chinos, estando vacío en la actualidad. El solar de lo que fuera el Cine Delicias lo ocupan dos bloques de pisos la ampliación de las instalaciones ferroviarias; el Cine Terraza en la actualidad es el aparcamiento de una gran superficie de alimentación, y si pasamos por allí, podemos ver la pantalla donde se proyectaban las películas. El solar del Cine Mirador también fue edificado, y el Cinema España lo ocupa un supermercado de la misma cadena que el que está en el Terraza.  
Y hasta aquí este paseo de hoy por nuestra Algeciras, la que nos tocó vivir, y a la que hoy desde la atalaya del tiempo recordamos con cariño y añoranza. ¡Hasta otra!

  




Los Arcos Viejos de Algeciras

AUTOR: Antonio Haro Camacho

La necesidad de llevar agua potable a la ciudad desde las sierras próximas fue un tema de interés a finales del siglo XVIII, pues aunque el río de la Miel abastecía a Algeciras, no había suficiente agua para una ciudad cuya población había crecido tanto. En 1768 el Ayuntamiento pidió licencia para poner unos impuestos especiales que permitiesen costear la obra. El rey Carlos III autorizó la propuesta, gravándose el vino y el vinagre con un real por arroba. Las obras comenzaron en 1777 y acabaron en 1783. El proyecto había sido realizado por el arquitecto D. Pablo Casaus y la obra la llevó a cabo el maestro alarife D. Pablo Díaz bajo la inspección del maestro fontanero Sr. Florindo, siendo alcalde de Algeciras D. Dionisio María Montalvo. La obras, que duraron seis años, suponían la construcción de los arcos sin contrafuertes, pero durante la construcción el maestro Florindo determinó la colocación de éstos para reforzar la obra que parecía inestable. Estos arcos se volvieron a reforzar cuando se instaló la línea de ferrocarril en 1892. El agua que transportaba el acueducto procedía del nacimiento de Las Minillas en El Cobre. Las primeras aguas llegaron a Algeciras a una primera fuente ubicada en el lugar denominado “El Tejarillo” el domingo 30 de marzo de 1783. A partir de entonces se llamaría este lugar la “Fuente Nueva”. También llegaría el agua a una segunda fuente situada en la Plaza Alta y a otra tercera en la Plaza Baja.
La altura del acueducto es variable según el terreno, alcanzando los arcos mayores (los que se encuentran en La Bajadilla) a unos veinte metros.
En el Museo Municipal de Algeciras se conserva la lápida conmemorativa de la construcción del acueducto que estuvo situada en el aljibe de la Fuente Nueva y que dice: “Reynando en España el Señor Don Carlos III, siendo alcalde mayor desta ciudad de Alxeciras el Señor Don Dionisio Montalvo, el 30 de marzo de 1783, se construyó esta mina que tiene de longitud DCC y fue principiada en 11 de junio de 1777 y costeada por el arbitrio concedido por el Supremo Consejo de Castilla sobre el vino vendido por menor para la conducción de aguas. Fueron diputados los señores Don Francisco de la Peña, Don Jacinto Monge, Don Damián Pereti y Don Joseph de Lima Thesorero”.  
Este artículo esta referido a los que fueron llamados en Algeciras “Los Arcos Viejos” y cruzaba el valle del río de la Miel, que como hemos visto se construyeron a finales del siglo XVIII. No debemos confundirlos con los denominados “Los Arcos” que se encuentran en la barriada de El Cobre y que fueron construidos en el siglo siguiente, concretamente entre 1841 y 1845.